La vecina sacó dos sillas blancas,
el muchacho bajó con el parlante.
La señora que nunca se trasnocha
ya marcaba los pasos en la calle.
Un mantel entre dos bicicletas,
esta noche no pide reservaciones.
Trae tus penas, las dejamos a un lado,
que aquí caben los pies de todo el barrio.
En la calle del mango se baila despacio,
pegadito a la vida, sin mirar el horario.
Si te falta alegría, te guardamos un sitio,
que la fiesta comienza cuando llega el vecino.
Don Manuel se acomoda la camisa,
le pregunta a su esposa si le baila.
Ella dice que lleva treinta años
esperando que él llegue a tiempo al paso.
Los pequeños se inventan las estrellas
con las luces que colgamos del patio.
No hace falta una foto del momento,
si mañana lo llevamos en el cuerpo.
En la calle del mango se baila despacio,
pegadito a la vida, sin mirar el horario.
Si te falta alegría, te guardamos un sitio,
que la fiesta comienza cuando llega el vecino.
Cuando apaguen la música en la esquina,
quedarán las sillas, quedarán las risas.
Y el que viva solo sabrá de memoria
que hay una puerta abierta a media cuadra.
En la calle del mango se baila despacio,
pegadito a la vida, sin mirar el horario.
Si te falta alegría, te guardamos un sitio,
que la fiesta comienza cuando llega el vecino.